La alegría no llegó a las garrafas.

Los primeros meses de este año han encontrado a los argentinos desorbitados. Ninguna explicación es suficiente para comprender que el “sinceramiento” genere hambre, pobreza, desocupación y un claro empeoramiento de las condiciones de vida de millones, afectados directa o indirectamente por las medidas tomadas por el gobierno nacional y reforzadas por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires. 

La pregunta es qué se puede hacer. Qué hacer cuando la promesa mágica de la alegría no se vislumbra como solución concreta a qué comer y con qué calentarse ante las temperaturas heladas de la ciudad.

Desde Patria Grande nos organizamos popularmente. Construimos espacios comunitarios y solidarios que apuestan a resolver colectivamente las dificultades para “parar la olla”. Realizamos diariamente producción de alimentos y panificados que colaboran un poco con el menú de algunas familias. Así también, el sábado 21 de mayo comenzó a funcionar en Villa Aguirre uno de los tres comedores que tenemos previsto abrir a lo largo del mes de junio.

Pero nos encontramos con una realidad concreta como organización, que dificulta esta apuesta: el precio de las garrafas de gas se ha duplicado y además no se consigue con facilidad, sumando a esta situación la especulación sobre su costo.

Si esto nos sucede como organización, qué pasa con las familias que utilizan de cinco a ocho garrafas mensuales para su alimentación, aseo y calefacción. La realidad es que no es posible responder individualmente a esta problemática. Y que las barriadas populares de Tandil sin acceso a la red de gas natural terminan pagando el precio más caro del gas; superando incluso el anunciado aumento del 500% que les espera a quienes cuentan con este servicio elemental.

El municipio de Tandil podría controlar a las empresas envasadoras de gas, asegurar un cupo de garrafas y garantizar su distribución es los barrios marginados de nuestra ciudad. De esta manera muchas familias evitarían pagar el sobreprecio que implica comprar en los almacenes y se evitarían las grandes colas en las envasadores, que muchas veces significan unas horas perdidas para volver con la garrafa vaciá.

No queremos más miseria, más enfermedades y empeoramiento de la vida en los barrios. Queremos que Tandil deje de ser el sueño de unos pocos y pueda ser el proyecto de una vida más digna para quienes hoy no duermen por el frío o arriesgan sus vidas con sistemas precarios de calefacción. Es por ello que solicitamos al municipio que actúe en favor del pueblo trabajador de esta ciudad, como garante del acceso a un servicio que si no se garantiza desde el Estado queda librado a los vaivenes del mercado y los intereses empresariales ajenos a las necesidades populares.

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